Caminando se llega…
Y llegué a la entrada del barrio Independencia en la localidad González Catán, La Matanza. Encontré un muro con las letras: Km 29, Territorio Villero. Este muro pertenece al Colegio Técnico Instituto Centro San José. Por la tipografía uno deduce, de manera laxa, que fue realizado por los vecinos del barrio y no del colegio católico. Autoría de un grupo de seguidores de algún club deportivo de fútbol, tal vez.
Territorio villero, cultura o identidad villera hace alusión, en Argentina, a las vivencias de las zonas de bajos recursos que tienen una particular forma de hablar. Sus gustos musicales están marcados por la cumbia villera, el regaeton y otros más. En Venezuela, equivaldría a la zona de los barrios pobres (los cerros) colmada de salsa erótica. En Brasil, las zonas de favelas. Villero, cerrero, tierrudo, negro, cumbiero, mono, lancha, niche, güircho, tuki, bacancito, ñero, grasa, groncho, naco y más, son los términos de norte a sur de América Latina.
Pedí me tomaran una foto en el muro y, automáticamente, traté de imitar aquellos códigos realizados con las manos que he observado en distintas redes sociales. Una acción que podría ser mera mimesis si no fuera porque durante la adolescencia viví en el bloque 6 de San Andrés, El Valle, Caracas. Algo que digo sin vergüenza alguna.
Resulta que la foto no es simple mimesis porque me valgo de la pose-performance ante la cámara para poner a prueba al espectador y provocarle. En este sentido, las personas argentinas que se identifican como villeras creerán soy un boludo o pelotudo, dependiendo de la intensidad del gusto o disgusto que les provoque. Por otro lado, mis compatriotas venezolanos, probablemente, considerarán ominosa la foto. Contradice las cuidadas imágenes en sus instagrams: selfies en los bosques de Palermo, el Rosedal, la Costanera Sur, la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires, el Puente de la Mujer en Puerto Madero, el Parque de los Niños o junto a la Floralis Genérica. Selfies hermosas, fantasiosas, escapes a situaciones no gratas vividas en Venezuela. Yo también lo hice.
Resulta, también, que muchos y muchas abogan por una identidad o cultura villera (o villerx) pero en sus prácticas no creen en ello. Poetas, escritores, escritoras, feministas y activistas, saturan sus redes sociales con contenidos Pro identidad Villera, que son rápidamente desmoronados por otras publicaciones donde sucumben a tratamientos estéticos para eliminación de ojeras y alisado de cabello, o una buena cena con un costoso vino en un restaurante de Palermo Soho.
Hay un grupo de personas, más radicales, que no titubean en sus pensamientos. Son directas y confrontadoras, considerando que “el concepto de identidad villera genera un culto a vivir peor… Lo que da identidad es salir de la pobreza”. Es una lectura más, que no anulo ni aplaudo. En todo caso, quienes se identifican como villeros pueden bufar con energía si consideran que es una interpretación estereotipada. Y luego de bufar, es preciso dimensionar las concepciones sobre pobreza, mostrando la diversidad de talentos en las villas.
¿Realmente puede construirse una identidad o cultura villera? Las identidades son maleables, fluidas, mixtas, cruzadas y cambiantes, pero se diferencian de las identificaciones, en tanto estas últimas tienen una duración relativamente corta. Las identidades siempre implican dos preguntas ¿quién soy? y ¿quiénes somos? Sí estas dos interrogantes ponen a flote la solidaridad y respeto por la diversidad, entonces ¡Bienvenida la cultura villera! Si por el contrario la respuesta apunta a una búsqueda de la esencia de la cultura villera que no permite ningún tipo de contaminación de otras culturas y crea una inmunización que rompe la sana convivencia en la sociedad, entonces ¡Abajo la cultura villera!
En mi experiencia, me he venido definiendo a lo largo de los años por varias identidades y cuando lo he hecho he reafirmado quien soy. Soy activista cinematográfico, gay, académico, venezolano, ambientalista, migrante y chico de barrio. Esta última identidad implica que soy aquel chamo hijo de andinos que se crió en San Andrés. Mi convivencia con la escasez de recursos (dinero, agua, luz) fue una experiencia disparadora de la imaginación y la sensibilidad. Recuerdo con cariño aquel bloque donde crecí y vi crecer a los vecinos, donde mamá y papá siempre estuvieron pendiente de alejarme de los vicios y malas conductas de la Pantera, Cara de semilla y Guillermo. ¿Qué será de la vida de ellos? Recuerdo la inteligencia del Sr. Cornejo y la gentileza de la Sra Gladys y el Sr. Antonio Tirado. Recuerdo el apoyo de la Sra. Elba, la primera que dejo de habitar aquel bloque 6 ¿Qué será de la vida de los hijos de la Sra. Gaudi y la Sra. Nelly? Siempre fueron tan disciplinados y sus madres orgullosas de sus logros. Grandes profesionales en universidades públicas. ¿Qué será de San Andrés en esta Venezuela de crisis y deterioro?
PD: Mientras escribía estas líneas recordé que Las mil y una se adentra en la identidad lésbica de dos chicas de villa. Es un filme argentino dirigido por Clarisa Navas que recibirá el 8vo Premio Sebastiane Latino en el 68 SSIFF.
Comments (5)
Magdalena Alcaraz
septiembre 20, 2020 at 2:42 pmMe gusto tu mirada hacia “la Villa Argentina”.Pertenecer a una villa está estigmatizado, si vivis ahí sos narco o ladrón o asesino, sin embargo la mayoría son gente trabajadora, que quiere que sus hijos crezcan con una buena educación y si progresar, lo que sería salir de ese ambiente. Ser villero tiene identidad y cultura y hay que respetar, sin miradas prejuiciosas, se puede lograr. Por más miradas de inclusión y que llegue algún día aunque sea un poco de igualdad de oportunidades para muchos que por pobreza o lo que sea, estan viviendo en una villa.
Daniela Marín
septiembre 20, 2020 at 6:49 pmTomándolo como una elegiría a nuestros, me parece muy interesante tu interpretación y me causa mucha curiosidad de ir a conocer esa amplitud cultural….
Zulema Lázaro.
septiembre 20, 2020 at 7:15 pmMe encantó el texto tipo ensayo en donde reflexionar acerca de ese graffiti villero, pero sin embargo tiene muchos recursos del género argumentativo como ejemplos contraargumentos paráfrasis y una evaluación personal jugando te tu humilde opinión son Polaroid y pinceladas qué bien dialogan con la problemática y nos increpan a pensar y reflexionar coherentemente cómo le das un pequeño palo a los supuestos intelectuales villeros políticamente correcto pero que en realidad muchos sospechamos que sea una pose.
Antonio
septiembre 22, 2020 at 12:24 amRealmente no tengo excusas por no haber leído antes este gran articulo que de una manera impresionante me llevo a mi niñez, en un barrio de Carúpano donde viví por mas de 20 años pocas fueron las amistades pero muchas las experiencias! es claro que cada país de latinoamerica en este caso tiene esos lugares, esos barrios que lo caracterizan y denotan un auge mas que social cultural.
Emmanuel
septiembre 22, 2020 at 1:11 amDesde mi opinión considero que la identidad villera que más conocemos es la que imponen los gobiernos al manipular a la gente que vive en las mismas en sus beneficios electorales, utilizándolos, claro. la identidad es más bien algo que uno va construyendo por distintos factores influyentes de su vida, su entorno, ect. Y no sé si tanto por una denominación